El Síndrome del Funcionario Quemado
La mayoría (que no todas) de las personas que entran a trabajar como empleado público no se transforman automáticamente en “funcionarios“, esos seres inertes tras el mostrador que dejan escapar las horas de su trabajo entre sus salidas al desayuno y lecturas de periódico mientras la cola de ciudadanos de su ventanilla crece más y más sin importarle lo más mínimo. No, no es una metamorfosis a la inversa y que de una linda mariposa “ciudadana” pasa a crisálida y se convierte en un vil gusano “funcionario“.
Yo lo veo así (tras 10 años que llevo trabajando como empleado público creo que tengo bagaje suficiente para opinar): El recién estrenado empleado público llega con ganas y miles de ideas para cambiar el mundo, rebosa proactividad y no duda en apuntarse a cualquier trabajo, independientemente de que esté o no definido en su Relación de Puestos de Trabajo. Estas ganas de trabajar derivan con los años en las siguientes consecuencias:
1.- Saca su trabajo y el de sus compañeros del mismo departamento que ya son “Funcionarios Quemados” y hacen lo justo (cobrando lo mismo).2.- Como es “el que saca el trabajo del departamento” el resto de áreas que necesitan algo de dicho departamento van a él porque saben que es el que responde con eficacia. 3.- Su jefe procura no desprenderse de él e intentará que no promocione ya que “es el que le saca el trabajo”. 4.- Normalmente su trabajo no es recompesando de ninguna forma (muchos no saben lo que significa la productividad en el ámbito de las administraciones públicas y en otros casos los productivos son “los de siempre”). 5.- Sus ideas más progresistas e innovadoras son tomadas como bromas por sus compañeros o superiores quedando en meras intentonas de mejorar.
Conclusión: Él se da cuenta de todo esto tarde o temprano (unos tardan 5 años, otros 30 o más) y entra en lo que denomino el Síndrome del Funcionario Quemado. Una vez entras en ese síndrome ya es dificil salir y encima, por lo anteriormente descrito, influencias a otros a entrar en el él, creándose un círculo vicioso.
Esta claro que esto se puede evitar, fomentando la proactividad y la participación, generando ilusión, ganas de trabajar y premiando de diversas maneras los objetivos conseguidos y la actitud por sacar el trabajo adelante. Solo espero vivir para verlo.
Pingback: Nosotros también podemos ayudar… pero de otra forma. « Francisco de Luis
Si bien yo mismo he criticado y desdibujado al mal funcionario, después de 20 años teniendo contacto con distintos niveles de la Administración Pública, creo que puedo afirmar que ese gandul… y gandula… fresco… y fresca… caradura que parece tener su oficina en el Zara más próximo o en El Corte Inglés, resulta ser una minoría.
Aunque una minoría muy cancerígena, contagiosa, que causa un gran daño, suele ocupar su plaza con cierto nivel de enchufismo y supera sus debilidades perjudicando a sus compañeros.
Pero son los menos. Hay mucha gente trabajadora, implicada en lo que hace. Y muy responsable, que lamentablemente sufre la mala fama de esos “otros” malos funcionarios y funcionarias…
Angel Cabrera
PD: Algunas de mis opiniones, aquí: http://blog.artecar24.com/search/label/pol%C3%ADtica
Muchas gracias por el comentario Angel, exacto, creo que lo verdaderamente peligroso es que esa minoría contagia su apatía a otros y no se hace mucho al respecto.
Yo no diría que se trata de una minoría. Mi experiencia me dice que es al menos un 50%.
No lo dudo Alberto, quizás mi experiencia haya sido más traumática.